Respira, por suerte, este aire que compartes conmigo. Las palabras están sobrando. Manos abajo, espalda erguida. Mis expectativas están sobre lo usual, creo saber lo que piensas. Te abrazo fuerte contra mí. Pones tu mano en mi pelo lentamente. De pronto, lo inevitable: nos besamos como si el mundo se fuera a acabar. Hace años esperábamos este momento. Está todo tan oscuro que nos mimetizamos. De los tres hacemos uno. La oscuridad, tus ojos, mis pensamientos.
miércoles, 27 de febrero de 2013
miércoles, 20 de febrero de 2013
inflexión
Vine al sur para desaturarme de toda la mierda mundana que me ha seguido este pequeño último tiempo y la muy maraca me siguió. Pero algo implantó ya una idea en mi sentir de como deshacerme de la mochilak. Sin embargo, ese algo no robará información valiosa que aún no debe ser revelada.
sábado, 16 de febrero de 2013
V 1
Víctor vino a hacerse el valiente, dejando de lado su vergüenza característica. Vino a declararle valores y amores a Valentina. Vino vestido de verde pistacho.
Valentina lo veía venir desde la ventana. Veloz, raudo como el viento; traía prisa.
De pronto, el tiempo se detuvo para ellos, cansado de vagar. Valentina visualizaba cada detalle como si fuera un asalto a la verdad. Cada viciado sentimiento era ya vislumbrado por aquella mente maestra. Las ideas volaban, algunas violentadas por la venganza de sus venas. Pero las vicisitudes pronto cesaron.
El tiempo retomó su vuelo y Valentina se vendió al seductor viajero. Sólo hubo un detalle que el voraz Víctor no tomó en cuenta.
jueves, 14 de febrero de 2013
Cumpleaños
Soy feliz, como una lombriz.
Y ojalá tus ojos me extrañen tanto hasta que sangren.
Y si te vas, nunca olvides que te recordaré.
Y ojalá tus ojos me extrañen tanto hasta que sangren.
Y si te vas, nunca olvides que te recordaré.
lunes, 4 de febrero de 2013
viernes, 4 de enero de 2013
K
Se derriten los soles.
Se derriten los hielos.
Las despedidas son bipolares siempre.
El daño es transversal.
Maletas ruidosas.
No te partan ni te infecten.
Se derriten los hielos.
Las despedidas son bipolares siempre.
El daño es transversal.
Maletas ruidosas.
No te partan ni te infecten.
jueves, 3 de enero de 2013
increti
Cual collar de perlas en medio de una fiesta de disfraces de los años veinte colgando en la incertidumbre de una de las mayores crisis económicas mundiales me siento mi mundo mental se ha derrumbado en pedacitos pero no es triste si no que es frustrante y no estoy enojado estoy confundido. Mas después de sabias conversaciones al menos yo estoy resolviendo un aspecto que transversal en mi el autocuidado y la preocupación y ponerse en primer lugar antes de amigos y familia y todo lo que implique pero si es difícil y me lamento nunca llegaré a la meta por eso me he replanteado esto todo todo. No me estoy lanzando a la muerte fácil!
sábado, 29 de diciembre de 2012
lmew
Un auto, unos cigarritos y chaoooooooooo weón!
Falta tan poco para que se termine el año y empezar con la rutina de nuevo, y yo aquí encerrado. Esto amerita tener que aceptar la solicitud de pasar año nuevo en Viña.
Falta tan poco para que se termine el año y empezar con la rutina de nuevo, y yo aquí encerrado. Esto amerita tener que aceptar la solicitud de pasar año nuevo en Viña.
Uf, uy, tal cual. No es lo mismo, pero es igual.
domingo, 23 de diciembre de 2012
I knew you were trouble when you walked in
So shame on me now
I don't know if you know who you are until you lose who you are.
viernes, 21 de diciembre de 2012
PUQ
Se te empaparon los ojos de humedad. Caíste el piso, chillabas.
No había ninguna alma afín disponible para ir en tu rescate.
Fingiste la muerte por un par de minutos exactos.
Aumentó tu sed de pretender acabar todo de una vez.
Retroceso.
Atrás, mirar el reloj, las horas pasan.
Retroceso.
Siempre esperaste el momento para desvanecerte.
Negro, rojo, blanco.
Humo, niebla, agua.
Incierto, incierto.
Un puñado de estrellas cortantes.
Retroceso nuevamente.
Y giras
y de pronto
pronto
ya no hay nada más que oscuridad.
Apocalipsis.
Y el fin, como lo conozco, como lo
conocemos.
Atrás.
No había ninguna alma afín disponible para ir en tu rescate.
Fingiste la muerte por un par de minutos exactos.
Aumentó tu sed de pretender acabar todo de una vez.
Retroceso.
Atrás, mirar el reloj, las horas pasan.
Retroceso.
Siempre esperaste el momento para desvanecerte.
Negro, rojo, blanco.
Humo, niebla, agua.
Incierto, incierto.
Un puñado de estrellas cortantes.
Retroceso nuevamente.
Y giras
y de pronto
pronto
ya no hay nada más que oscuridad.
Apocalipsis.
Y el fin, como lo conozco, como lo
conocemos.
Atrás.
jueves, 20 de diciembre de 2012
prefijo
De pronto descubrí que mi personalidad adictiva adjudicó otra actividad a la interminable lista: bullying.
Encrucijada
Hasta el último pelo que cubre mi adolescente cuerpo se erizó al escuchar ese famoso nombre. Estaba en todas partes. En la calle, en el cielo, en la sopa de letras que me tomé rápidamente antes de ir a trabajar. En las tristes frases pecaminosas que solté durante mi caminata a misa. Un halo de incertidumbre cubría la ciudad ese día, aún recuerdo. Fue todo como un gran trance. Feroz e irresistible. Nunca logré imaginar que una vez más me encontraría con aquella vieja amiga. Henos, frente a frente, codo a codo, nariz con nariz. Alcancé a zafarme de sus garras de metal frío. Nadé hasta la superficie para poder respirar de nuevo, pero ya era tarde. Se había llevado una parte de mi. Y no supe mentirle al destino.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Mind storm (oh, wait)
La debilidad invadió su cerebro femenino, mientras su cuerpo yacía recostado boca arriba en su cama, entre las sábanas de seda y el plumón de ganso. Ni ella se dió bien cuenta en que momento exacto dejó que ésta tomara completo control sobre su acciones, ya premeditadas bajo su clásica aura de racionalidad. El veneno penetra cada vez más profundo entre sus hemisferios; ese olor característico a fracaso inminente había ya invadido sus fosas nasales en más de una ocasión, provocando náuseas incontrolables y deseos de autoinflingirse daño de cualquier modo posible a su alcance.
Se había cuestionado, un par de veces a estas alturas, si requería o no de ayuda. Si realmente debía contar su gran secreto; o más bien, sus grandes secretos, que ya eran una realidad paralela que sobrevenía en los peores momentos. "¿Por qué la gente inteligente sufre más?", se preguntaba cada día. Su vida era una antítesis constante; no podía dar abasto ni soportar más el peso que cargaba sobre sus hombros - porque claro, los pensamientos densos pesan más. No podía caminar, no podía respirar. El pecho le dolía con cada milímetro de abstracción mental, con cada cuento, con cada visión.
Había tocado fondo. Ese día, su concentración se nubló a tal punto que tuvo que esconderse en un rincón de la casa a sollozar en silencio. Era hora. Era hora de hacer algo al respecto. Era hora de limpiar su vida de semejantes toxinas, dignas de ser utilizadas como arma de destrucción masiva. La metamorfosis estaba a punto de empezar. Sabía lo que no tenía que hacer, sabía lo que tenía que hacer. Pero siempre terminaba la oración antes de tiempo y confundía ambas. Era tal el revoltijo que el inicio siempre era su final. Las ideas no fluían como antes, se articulaban por si solas, saboteando toda esperanza de salir del infierno en el que su vida se había convertido exponencialmente durante estos últimos meses.
Los cometas intervenían a su favor, lo cual le bastó una vez. El dolor y la angustia eran ya inconcebibles. Estaba equilibrándose en la cuerda floja de la sanidad, ligada por la incertidumbre y el miedo. Este famoso miedo era el que comandaba su vida y la mayor parte de sus decisiones. Pero ella y él eran uno solo, un ente, un pedazo de cielo. "¿Qué quieren de mi? ¿Qué quieres de mi? ¿Qué quiero de mi? ¿Qué quiero de ti?". Era un atado de preguntas sin respuestas lógicas ni válidas. Sólo podía fingir normalidad.
Era un robot. Se había acostumbrado a omitir cada impulso de vandalismo, y reemplazarlo por un mecanismo de defensa de fácil aplicación. Parecía haber dado resultado. Su paciencia había alcanzado las nubes. Sin embargo, a veces se sentimentalizaba un poco para complicar las cosas, pero no era adrede.
Entonces, apareció. O desapareció. Y ya nada pudo ocultar su vibración como lo había hecho en los últimos 2 años. Agotó todo recurso de protección y amparo, dió vuelta la situación. Invirtió roles de manera categórica y la dejó vulnerable a todo ataque. A toda agresión. En un principio, el velo suicida de autodestrucción que lleva puesto le abrió paso al mundo de lo desconocido; mas no fue misterioso lo que encontró. Se vió reflejada en un espejo. El espejo que abre paso al abismo que tenía en su corazón. Veneno en el cerebro y un abismo en el corazón: ¿qué podía ser peor?. Trató de practicar la evasión contemporánea pero le fue imposible. La única respuesta que se le vino a la cabeza fue: sumisión.
Y sigue en eso, atrapada. Infeliz, angustiada. Le arde el estómago y le silba el pecho. Su cerebro ha ido perdiendo la capacidad de crear nuevas soluciones. La imaginación decrece cada día un poco, se marchita. Su alma se ahoga inevitablemente.
¿Qué hacer cuando se sabe que hacer y no se puede? Hasta que no se me ocurra una segunda parte habrá un gran vacío, pues el entorno en su calidad dinámica no basta para acabar con aquel sufrimiento. Y duele. Duele la duda y la ciclotimia.
martes, 4 de diciembre de 2012
lunes, 19 de noviembre de 2012
Zen
Y justo en la víspera de la alegría me di cuenta que solo tenía que desligarme de cierto implemento formal para poder cerrar el ciclo. Además de un par de cibercosas mundanas.
Me di cuenta que sufrir en vano es una miseria de que la me alejé. No hay lugar para recaídas. Esta oportunidad está destinada y vaticinada por las profesías. El nuevo ciclo antes del fin del mundo. Here we gooooo!
Me di cuenta que sufrir en vano es una miseria de que la me alejé. No hay lugar para recaídas. Esta oportunidad está destinada y vaticinada por las profesías. El nuevo ciclo antes del fin del mundo. Here we gooooo!
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