lunes, 2 de noviembre de 2015

hello

Hoy anda particularmente amorosa. Tiene las emociones marcadas en tinta. No deja que nadie la pase a llevar en su individualidad característica. Solía ocultar aquellas emociones que la estigmatizaban frente a los demás. Que tristeza conmovió mi mirada cristalina al soñar con ella en plenitud. Un sonido futurista se apoderó de mi intuición, opacada en parte por los recuerdos constantes de su pasado. No es la misma, se ha vuelto cruel en su esencia. Necesita de los horizontes verdaderos para apoyar un pie en la tierra antes de dar el paso real. Una palabra de seguridad. Pero sigue con el amor. Con las emociones. Con la individualidad. Está hundida hoy, en un mar de vaivenes. De energía desordenada, de esa que te pone los pelos de punta de tan solo pensarla. 

Yo me he vuelto ligeramente descriptivo en desmedro de lo analítico. La juventud de lo ajeno y la desgracia de lo interno. Por lo mismo, la descripción es la madre de la semiología y el análisis es el padre del sobrepensar. De estas ideas rumiantes que recorrer mis autopistas. Y de lo afortunado nacerá la flor que dará el fruto correcto a tiempo adecuado, independiente del frío externo y el calor interno. En la reina de todas las batallas forjaré mi espada y la someteré a toda presión necesaria, como hasta ahora me he sometido en un mundo gris que ha sido pintado con el esfuerzo más razonable de la existencia. Con ella lo soy todo. Pero un todo vacío sin lo que significa aquello que soy muy terco para tener y muy orgulloso para dejar pasar. 

Todo toma su lugar lentamente de nuevo. Ella y yo somos uno de nuevo. Ella es parte de mí o yo de ella. Ella bombea mi energía vital, mis humores y mis activadores. Yo le doy forma y la cuido. Le dedico tiempo, la escucho y actuamos en conjunto.  Actuamos hoy, actuemos. Abran el telón y que la improvisación fluya por mis poros. Que mi voz se escuche más segura y grave que nunca, que el brillo de mis ojos impresione a todo espectador que se atreva a aventurarse en esta obra, que mi sangre roja sea derramada porque el arte lo amerita, que pueda sacar todo de bajo mi piel y mostrarle al mundo que no tengo ya miedo de ser un artista, no tengo miedo de las etiquetas ni temor de lo nuevo. Que me aburrí de ser tan conservador, pero a la vez me aburrí de ser innovador. Me da lo mismo el ridículo si puedo encontrar esa sonrisa que he buscado con tanto anhelo, esa sonrisa coqueta y sincera. Esa que quiero cada mañana en mi desayuno, esa que me habla en el día, me canta en las noches y me grita en las madrugadas. Aquella por la que podría dejar quien soy y correr de un lado a otro tan solo para complacer a mi retorcida mente, que vendría a hacer de suplemento (o complemento) de ella. Según día, según momento. 

No puedo identificar que musa me tocó hoy, pero se siente bien estar escribiendo de nuevo, estar metaforizando a diestra y siniestra. Sin filtro, sin tapas. Necesitaba esta introspección, necesito de ella y de mi cerebro. Estos ecos del vacío, esta ansiedad que me come un poco. El genio de la depresión revive estos estados crepusculares. Necesitaba pasar por esto. Necesito matizar. Ella necesita el matiz para surgir cada día. Y eso es lo que nos hace ser. 

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